El Niño Interior

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El Niño Interior

El Niño Interior

El Yo Esencial y el Yo Herido

 

Nuestro Yo Esencial es la verdadera esencia del Ser. Sirve de ayuda imaginarse al Yo esencial como un niño luminoso y radiante, la luz natural que irradia es una expresión individualizada del Amor Divino.

Este aspecto de nosotros mismos en realidad es siempre joven: siempre lo ha sido y siempre lo será: evoluciona con las experiencias de nuestra vida. Nuestro Yo esencial tiene dotes y talentos únicos, nuestra sabiduría natural y nuestra intuición, nuestra curiosidad y nuestra capacidad de asombro, nuestro carácter juguetón, nuestra espontaneidad y nuestra capacidad para amar. Este es el lado ileso del alma. Nunca puede estar herido. Nunca ha sido tocado por ningún maltrato que hayamos sufrido, porque en ese momento el Yo esencial se ocultó. Espera a ser rescatado a través de un proceso de curación. Porque es posible conseguir la curación total de esta parte intacta de cada uno de nosotros. Tu curación se habrá completado cuando hayas recuperado total y profundamente este aspecto de ti mismo, quien verdaderamente eres: un hijo del amor incondicional que es Dios.

Sirve de ayuda imaginarse al Yo herido como un niño herido que aprendió a ser un adulto nada amoroso.

Otro término que solemos utilizar para describir este aspecto de nosotros mismos es “niño-adulto”, porque esta parte del ser es como un niño que tuvo que aprender a ser un pequeño adulto, que tenía que atender a cosas que debían haber estado más allá de su responsabilidad. Este es el lado herido del alma.

Nuestro niño-adulto suele ser un reflejo de uno de nuestros padres o de los dos. A pesar de que podamos haber dicho: “Yo nunca seré como ellos”, nuestro yo herido aprendió a ser exactamente igual que ellos.

Tu Yo herido es el aspecto que puede haber sufrido de maltrato o descuido físico, sexual y/o emocional y lleva consigo todos los miedos, las falsas creencias y comportamientos controladores que han acarreado estas experiencias. Estos miedos, creencias y comportamientos nos hacen daño en nuestra vida adulta, pero fueron la única manera de sentirnos a salvo cuando éramos niños. Fueron nuestros mecanismos de supervivencia. Tu Yo herido, tu niño-adulto, puede tener cualquier edad en cualquier momento dependiendo de la edad que tenías cuando aprendiste una creencia falsa en particular, una adicción o una manera de controlar.

El Yo herido es la parte de ti que puede usar la comida, las drogas o el alcohol para adormilar el miedo y la soledad. Además, el Yo herido siempre teme, por un lado, ser rechazado o abandonado y, por otro, ser asfixiado, hundido y controlado. En otras palabras, el Yo herido teme a la pérdida de otros y la de si mismo, porque no sabe ni cómo tratar con el rechazo sin tomárselo de modo personal, ni poner límites a lo que le ahoga. El Yo herido espera protegerse y controlar aquello que teme mediante la ira, la culpa, la resistencia, la sumisión o la retirada. Todas las partes del Yo herido necesitan curarse y pueden curarse mediante la compasión, la aceptación y el amor incondicional.

Casi cualquier actividad puede ser utilizada para protegerte de tu dolor. Depende de tu intención. Por ejemplo, la meditación puede ser utilizada como un modo para conectar con una fuente espiritual y aprender sobre el amor, pero también puede ser utilizada para alucinar y evitar ocuparte de tus sentimientos cada vez que te aparezca la ansiedad.

La intención de proteger nos cierra el corazón haciendo que te sientas solo dentro de él y esta horrible soledad luego conduce a tu Yo herido a intentar controlar el obtener amor para así parar tu dolorosa sensación de soledad. Puedes intentar controlar el obtener amor mediante la crítica, la culpa, el silencio o el consentimiento. Puede ser que evites el dolor mediante la retirada, la resistencia, atontándote con comida, drogas, alcohol, televisión, juegos de azar, etc. Pero cuanto más intentas controlar obtener amor y evitar el dolor, peor te sientes y más lo haces para sentirte mejor. ¿Ves cómo es este círculo vicioso?

Una de las mayores creencias falsas del Yo herido es que nosotros, como trozos cortados de un Poder Superior, podemos tener poder sobre nosotros mismos y sobre los demás. El Yo herido está dispuesto a maltratar al Yo esencial y a los demás con el fin de conseguir este control. Como niños-adultos heridos, nos maltratamos a nosotros mismos mediante substancias y adicciones a procesos (adicciones a cosas y a actividades). Maltratamos a los demás mediante conductas controladoras: la ira, la culpa, el juicio, la sumisión, la retirada o la violencia. Cuando nos maltratamos a nosotros mismos y a los demás estamos actuando desde nuestro Yo herido.

Hasta que no desarrollamos un Adulto fuertemente amoroso, es el Yo herido el que decide si aprender o protegerse.

Cuando decidimos a abrirnos al aprendizaje, a menudo ocurre que una parte del Yo herido ha tocado fondo y dice: “Estoy harto de vivir así.

No me está dando lo que quiero. No funciona. Debe haber un modo mejor de hacerlo, y quiero encontrarlo.”

 

Las Falsas Creencias.

Las falsas creencias son las mentiras que hemos aprendido y que nos causan miedo innecesario, ansiedad y dolor. Sabemos que una creencia es falsa cuando nos causa miedo, ansiedad y dolor. Solemos protegernos del miedo, la ansiedad y el dolor causados por nuestras falsas creencias hundiéndonos en diferentes adicciones, que son nuestra forma de controlarnos a nosotros mismos y a los demás.

Nuestras falsas creencias fueron adoptadas por nuestro Yo herido cuando éramos muy pequeños. Una falsa creencia es una creencia sobre nosotros mismos, sobre los demás o sobre Dios/Poder Superior, que nos resta autoridad y nos hace tener miedo. Nuestras falsas creencias son las conclusiones que sacamos sobre nosotros mismos, sobre los demás o sobre el mundo, como consecuencia de experiencias difíciles durante la infancia. Estas falsas creencias que nos limitan son las causantes de gran parte del dolor y del comportamiento que nos causa dolor. Por ejemplo si, como resultado de tu experiencia en la infancia, has sacado la conclusión de que eres malo, antipático e indigno, por lo general te comportarás como si esto fuera verdad. Tu manera de comportarte entonces, con ira o con alejamiento, que tiene como objetivo protegerte del rechazo o la asfixia que temes, puede de hecho llevar a que los demás te rechacen – que es justo lo que esperabas. Esto te duele y reafirma tu falsa creencia de que no eres digno de ser amado.

Además, el mismo acto de protegerse, más que de quererse significa un abandono de tu Yo esencial y reafirma aún más tu creencia en tu falta de valía. Al final te sientes rechazado por otros porque tu mismo te estás rechazando sin darte cuenta.

El Niño Interior

Cuando usamos el término “Niño Interior” nos referimos tanto al Yo herido como al Yo esencial.

Imagínate a un niño, quizás a un niño triste, solo, asustado o enfadado. Imagina que dentro de ese niño herido hay una luz preciosa, la luz del Yo esencial. Pero el Yo herido no sabe que esta luz está dentro de él. Ese niño herido funciona desde la falsa creencia de que él o ella es insuficiente, defectuoso, erróneo, desagradable, inválido, de que su esencia es oscura en lugar de luminosa. Sólo cuando aprendamos a dar amor incondicional a través del Yo esencial, será cuando el Yo herido se cure y descubra la luz que hay dentro de él.

Tu Niño Interior es un centro de comunicaciones infalible.

Te permite saber, mediante tus sentimientos, lo que es bueno o malo para ti, lo que es correcto o no.

Los sentimientos que puedes llegar a experimentar a través del Yo esencial son la alegría, la paz y el amor que, como adulto, son el resultado de ser cariñoso contigo mismo y con los demás.

El Yo esencial también tiene la capacidad de sentir tristeza y pesar (por la falta de humanidad de la gente entre sí), soledad (cuando no tienes con quién compartir amor), dolor (por la pérdida), impotencia (por las elecciones de los demás), agravio (por las injusticias), así como miedo al peligro verdadero o presente, la típica reacción de luchar o huir. Los sentimientos que vienen del Yo herido son la ansiedad, la depresión, la ira, el dolor, la soledad, la necesidad, el vacío, la tristeza, la culpa, la vergüenza, el miedo (de una amenaza apreciada más que real), etc.

Todos tus sentimientos te pueden decir si lo que estás haciendo o pensando es bueno o malo para ti. Te dicen si alguien está abierto o cerrado, si es peligroso o seguro. La tensión que se siente en el estómago en reacción a la ira amenazante de alguien, te dice algo muy importante, así como la seguridad que sientes cuando alguien está siendo verdaderamente generoso. La ansiedad, la ira o la depresión pueden estar diciéndote que no estás cuidando de tu Niño Interior, mientras que la paz y la alegría te dejan ver que estás siendo cariñoso contigo mismo. Confiar en estos sentimientos y descubrir qué te están diciendo te ayudará a hacerte personalmente responsable de tus propios sentimientos.

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