EL ARTE DE COMUNICAR

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EL ARTE DE COMUNICAR

EL ARTE DE COMUNICAR

 

Para mucha gente el acto de escuchar en sí, llega a ser un fastidio y representa un esfuerzo intolerable, aunque le paguen a uno por realizarlo.

Si uno habla al mismo tiempo que otra persona, no puede continuar escuchándola. De ordinario, uno mantiene la apariencia de que escucha, cuando en realidad solo aguarda el momento oportuno para tener ocasión de hablar.

La selectividad se ejerce no solo sobre lo que se quiere o no decir, sino también sobre lo que se quiere o no escuchar. Así el que espera críticas, se especializa en oírlas, y apenas atiende a otra cosa. En cambio para el que no quiere oír más que opiniones favorables, toda crítica pasará inadvertida.

La función de escuchar se puede especializar según cada persona; adiestrándose en captar el apoyo o la crítica o la condescendencia o las complejidades que no entiende, o lo que sea.

Hay gente que solo oye afirmaciones cuando se han formulado interrogantes, de modo que se hace imposible preguntarles nada, ya que invariablemente lo toman por una exigencia o una acusación.

Cuando la persona deja de escuchar las palabras para atender a algún otro rasgo, suele sorprenderse al captar mensajes nuevos o diferentes, en lugar de las viejas comunicaciones a que está acostumbrada.

Las inflexiones quejumbrosas suelen ser tan sutiles que solo un oído muy afinado acierta a identificarlas.

El que al escuchar toma contacto está siempre alerta a lo que se dice, pero también al sonido en sí, de modo que oye bastante más que las palabras.

Penetrar a otra persona con la voz es un acto agresivo. Si la voz entra armoniosamente y su incisividad resulta asimilable, será bien recibida y se entablará una buena relación.

Hay personas cuyas palabras se pierden antes de llegar al oyente, o lo atraviesan sin afectarlo; otros, cuyas palabras resbalan sobre el oyente; solo algunos saben entablar el contacto justo, que se siente directo y certero.

Algunas personas aprovechan la ocasión de acercamiento que proporciona el humorismo y tratan de exprimirla hasta la última gota de camaradería.

Los hábitos lingüísticos de una persona revelan mucho acerca de ella y de lo que intenta expresar.

Todo el que se empeña en ser absolutamente justo, o en cubrir cualquier proyección o contingencia posible de lo que dice, estará tan ensimismado en sus procesos internos que no le quedará entusiasmo alguno para mantener un contacto que, aunque inconcluso, está de todos modos esbozado.

Decir lo que se quiere decir, es un magnífico acto de creación que suele descuidarse, porque la gente charla demasiado. En cierto sentido, ninguna palabra es idéntica para dos personas, ni siquiera lo es para la misma persona en dos momentos diferentes, ya que la aparición de una palabra constituye un acontecimiento en el que culmina una vida entera de sensaciones, recuerdos, deseos e imágenes.

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El arte de comunicar by MyM Psicóloga